Miércoles 17 de abril
Llegando a Roma
El camino desde Siena fue tranquilo y muy bonito.
Conforme nos íbamos acercando, los pueblos y las ciudades aledañas a Roma se dejaban ver hacia los costados
Alrededor de las 17hs entramos a Roma, y cruzamos el Tiber por el Ponte Flaminio.
Cuanta emoción! Ya habíamos llegado a Roma. Milenios de historia y de poder.
Asombroso para nuestra razón y entendimiento.
En el trayecto al departamento, conducidos por el GPS, íbamos viendo unos y otros edificios aún sin saber muy bien qué estábamos viendo.
Llegamos al departamento, con cierta dificultad, porque al estar emplazado en un barrio histórico fue bastante complicado hacerlo con el auto hasta la puerta.
Luego de un primer desencuentro con la dueña, finalmente dimos con ella y pudimos ascender los dos pisos por escaleras, con todos los bártulos, a tiempo antes de ir a devolver el auto a Termini.
El humor de Sergio en estas circunstancias no es el mejor ni el más recomendable.
Esa puertita blanca, al lado del ristorante, es la del departamento.
Dos pisos por escalera. La segunda ventana pertenece al piso, pero no al departamento. Da sobre la escalera de acceso.
Una vista robada al google maps de la entrada
El barrio es encantador. Se llama Trastevere, y es el único barrio en Roma que sobrevivió a la época medieval y tiene una fuerte identidad local.
Característico por su vida nocturna, nos evocó mucho a nuestro San Telmo. Tiene la misma onda. Historia, arte, antigüedad (salvando las distancias claramente) y gastronomía.
Sus serpenteantes callecitas están abarrotadas de barcitos y pequeños ristorantes donde se come a toda hora, pero especialmente a la tarde noche.
Bien, devolvimos el auto sin ningún inconveneinte en la terminal de trenes, y desde allí teníamos previsto dirigirnos a Plaza España y a la Fontana de Trevi... Pero por esas cosas de la vida y de la proximidad, caminando por una de las avenidas cercanas a Termini, (creo que la Via Cavour), divisamos el Coliseo y mi corazón se detuvo en ese preciso instante. No pude, no pude no dirigirme, cual autómata, atraída por algo realmente muy fuerte, no pude no ir hacia su encuentro.
Por la Via Cavour, (insisto, supongo) divisamos este edificio con la bandera argentina y las glicinas a full!!
El primer acercamiento al templo de la antigüedad por excelencia.
Me ganó la emoción. Recuerdo la garganta cerrada, una sensación indescriptible, sospechando los pasos de Publio Cornelio Escipión tal vez por esos lados, casi seguramente por allí, mucho antes que el coliseo se construya... Ay, cuanta, pero cuanta emoción!
Nos acercamos todo lo que se pudo, que por la hora estaba cerrado al público.
Rebalsados de todo tipo de sensaciones, anduvimos como perdidos en el tiempo, por sus alrededores.
Los restos del Foro Romano
El Arco de Constantino
Templos del Foro
Sobre la Vía Sacra
uff... cuanto teníamos para ver y disfrutar en Roma.
Como recién llegados, todo nos deslumbraba.
Caminamos por la Vía del Fori Imperiali descubriendo a cada paso ruinas imperiales.
Estábamos sumergidos en la historia romana.
Fotografiamos todo lo que veíamos, embelezados. Caminamos... caminamos... y obvio, nos perdimos :)
Esta foto me costó mucho saber, una vez en Buenos Aires, de qué se trataba.
Con paciencia y Google maps de por medio, me enteré que en este bellísimo edificio funciona el Museo Sacrario delle Bandiere, sobre la Vía del Fori imperiali, al finalizar nuestra caminata sin rumbo.
Dándole la vuelta nos encontramos con el monumento a Victor Manuel II.
Buscándolo en google me causó sorpresa descubrir nombre completo: Victor Emanuele María Alberto Eugenio Ferdinando Luca Tommaso di Savoia-Carignano !!
Fue el último rey del reino de Cerdeña y el primer rey de Italia.
Su monumento: increíblemente bello!
Medio desorientados, no lográbamos cruzar el río. Estando realmente cerca, elegimos mal una de las grandes avenidas que se juntan siempre dando 6 o 7 esquinas y equivocamos el rumbo.
No era tan tarde, por suerte y le preguntamos a un muchacho hacia qué lado quedaba el río, en perfecto castellano, confiados en que haría un esfuerzo por entendernos: -¿Ma qué cosa e el río?
jajajajaja! Muy cómica la situación.
El pibe entró a reir y nosotros también. Nos vimos sumidos en un diálogo increíble, hasta que llegamos a escuchar la palabra 'fiume' -Eso! El fiume!- dijimos casi a coro.
Gracias a sus indicaciones pudimos corregir el rumbo y cruzar el 'fiume'.
El Tiber, tal como lo conocemos nosotros, para ellos es el Tévere, y el barrio donde nos alojábamos era el Trastévere, o sea el 'del otro lado del Tiber'. Por eso, el solo hecho de cruzarlo nos dejaba en muy buena ubicación.
Una vez del otro lado, fue sencillo llegar hasta el departamento.
Dejamos algunas cosas, y volvimos a salir para elegir un lugar típico para cenar.
Fue en una tratoría de las que abundan por Trastévere.
Sergio comió un plato típico con pollo y yo unas pastas: ravioli.
Sumamente cansados, volvimos en busca de un merecido descanso.
Llevávamos puestos, solo en un día, la bellísima Siena y nuestro asombro de lo que habíamos visto en increíble Roma.
Para el día siguiente, teníamos previsto visitar el Vaticano.
Con esa ilusión nos dormimos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario