Sábado 20 de abril de 2013
El regreso a Buenos Aires
Entre bolsos, valijas y camperas anduvimos desde el departamento hasta Termini, la terminal de trenes.
Allí, dejamos los bártulos en consigna por unas horas, hasta que saliera el tren que nos llevaría a Fuimicino, el aeropuerto de Roma.
Lamentablemente no pudimos quedarnos en el departamento hasta la hora prevista, aún cuando nos habían prometido eso en el momento que lo contratamos.
Parece que alguien con más apremio que nosotros debía ingresar por la mañana.
De todas maneras, el paseo estuvo bueno, y nos permitió resistirnos algunas horas a dejar la ya entrañable Roma.
Nos obligó a recorrer los alrededores de Termini, caminar un poco más, y almorzar relajados en el primer piso de la terminal.
Increiblemente ese día estuvo feo, frío y lluvioso. Todo nuestro paso por Italia fue a pleno sol, y temperaturas muy agradables. El tiempo empezaba a descomponerse y nosotros por suerte ya nos íbamos.
No tenemos fotos de esos momentos de deambular por la ciudad, y calculo a esta altura que no fue casual. No queríamos irnos por más que ya lo estábamos haciendo.
Solo teníamos recuerdos, muy vívidos. Intentamos comprar alguna baratija para traer a Buenos Aires, pero finalmente no lo hicimos, ya que de esas cosas, abundan por acá.
Termini es una estación gigantesca donde se encuentra todo lo que necesitás, ya sea que estés llegando o te vayas.
¡Se habremos caminado por estos pasillos!
Como en la película La Terminal, la sentimos como nuestra casa durante algunas horas
Dimos algunas vueltas por las calles aledañas
Y caminando unas pocas cuadras, llegamos a la Plaza de la República.
Sin siquiera fijarnos por donde cruzar, de golpe estuvimos allí. El tema fue tratar de atravesar la avenida para llegar al otro lado. Bueno, no es una avenida, son como 4 o cinco arterias que la circulan. Toda una aventura.
Volviendo a La Terminal. Es como nuestra Estación Retiro, un gran conglomerado de transporte, tanto de buses como de trenes
Obviamente la foto anterior no es nuestra, por eso se la ve tan soleada.
Hay en Termini algunos lugares de comidas rápidas y no tanto.
Nos decidimos por Ciao, en el primer piso
Algo sencillo, frugal, y ameno, antes de despedirnos del todo de Roma
Relajados, luego de algo más de una hora dedicada al almuerzo, y sin nada más por retener en nuestras memorias, decidimos enfilar hacia el anden.
Todo muy acomodado, todo dispuesto, menos nuestras ganas. No, no queríamos volver.
Llegó la formación que debíamos abordar. El avión salía a las 19:45, así que a las 16:45 debíamos ya estar en el aeropuerto. El tren salía 15:50. Luego supimos que era más que suficiente el tiempo, ya que el tren nos dejaría dentro del aeropuerto, y que el trayecto es de apenas 25 minutos.
Ahí estuvimos. Un viajecito agradable y muy apacible.
Sin más que recuerdos por dentro y por fuera de nosotros.
Puras vivencias que se atropellaban por salir para ser compartidas.
Mucha nostalgia y ganas de ver a los chicos.
Todo junto, el querer quedarse y el querer llegar.
El desear volver aún sin habernos ido.
Tuvimos esas horas de espera insoportable en el aeropuertos.
Compramos los chocolatitos, algún regalito de último momento, y también nos sobraron minutos para tomamos una cervecita con unos sanguchitos de salame de milán.
Allí estaban.
Ya se las podía divisar.
Esas máquinas desalmadas que nos truncarían el paseo, justo ahora, justo en Roma, justo en Italia.
Toda Italia se me impregnó en el cuerpo.
Como me pasó con España la primera vez que estuve, esta vez me llevo a Italia como materia pendiente, para poder reincidir.
¡Hasta la próxima amigos! ¡Presto amici!








